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lunes, 12 de octubre de 2009

Bitácora de viaje: La Misión Race 2008 ( La carrera)

Por Germán Avalos Billinghurst

Terminamos de escuchar la cuenta regresiva y largamos. Habíamos planeado salir entre los de atrás, pero lo tomamos muy a pie de la letra, ya que los tres fuimos los últimos de la fila hasta llegar al comienzo de la subida al volcán Batea Mahuida.
Lento, muy lento diría yo, era nuestro paso. Mirábamos adelante y la cantidad de corredores en fila india era tremenda, pero… al mirar atrás, todo era diferente, no había un alma, salvo un perro que nos hizo compañía durante varios kilómetros.
Luego de un largo rato de andar, Fabri (Anakin) dice –che, esto es una pavada! Yo me la re banco-, jajaja se ríe el negro y agrega – tranquilo monstruo que apenas hicimos tres km, la cara de desazón de Fabricio fue tremenda. Yo sabía, por un comentario que me había echo el Guri, que en cuanto empezáramos el ascenso al Batea pasaríamos unos cuantos corredores que a esa altura estarían al costado del camino recuperando fuerzas, debido al vertiginoso ritmo con el que salieron. Y así fue, fuimos pasando uno a uno y ya mirar para atrás tenía otro color, al menos eso era nuestro consuelo…
Seguimos subiendo y al llegar a la cima la vista era preciosa. Para no pensar tanto en el cansancio que nos había provocado la subida, nos distraíamos saludando una y otra vez al helicóptero, cada vez que sobrevolaba por encima de nosotros.
Una vez arriba, comenzamos a caminar por un largo llano en dirección oeste. Al llegar al lugar donde teníamos que bajar, nos topamos con Vero de la organización que nos indicó – bajen unos metros y después sigan hacia su derecha, porque sino van a parar a Chile-, cosa que les sucedió a los punteros.
Pero lo peor en este punto, fue que Fabri se dio cuenta que se había olvidado los pasaportes en la cabaña…. Ay ay ay, que decir…, SI, pensé lo mismo que ustedes deben estar pensando al leer estas palabras… por suerte (o al menos eso creímos en aquel momento) Vero le dio otro pasaporte manual y le dijo que le avisara a los controles de los PCO y PC que ella estaba al tanto y lo había dejado seguir sin el electrónico… motivo por el cual, Anakin nunca figuró en ningún ranking durante la carrera.
Rodeamos el volcán hacia la derecha y al poco tiempo llegamos al primer PCO llamado “Hito “. Nos sellaron los pasaportes y seguimos. A esta altura compartíamos la carrera con un grupo de aproximadamente personas, separados por unos metros de distancia.
Nos encontramos en una planicie “Achala” que se nos hizo eterna, caminamos unas cuantas horas por allí. Al atardecer llegamos a un importante cerro que había que subir para firmar el siguiente PCO. Una vez arriba, sello de pasaportes, algunas fotos y a bajar porque seguía oscureciendo. La bajada no fue todo lo rápida que hubiéramos querido porque tenía mucho acarreo. Cuando llegamos abajo la noche se nos vino encima. Prendimos nuestras linternas y apuntamos en dirección al PC1. Atravesamos un bosque y debíamos encontrar un camino, pero no fue así. –Y ahora que hacemos-dijo el negro, -deberíamos caminar en línea recta y encontrarlo-, sugerí y eso hicimos. Pasamos por unos pastizales, saltamos dos alambres y a los pocos metros vimos una luz fuerte, resultó ser el PC1. Era ya cerca de la medianoche y decidimos quedarnos a dormir ahí.
4AM y yo estaba listo, aunque todavía dentro de mi vivac. Llamé a mis compañeros que compartían carpa y con el alba seguimos viaje. Cruzamos un arroyo con agua hasta las rodillas y muy fría. Enfrente nuestro había una gran elevación forrada con un espeso bosque a la cual teníamos que subir a través de un sendero, que se suponía debíamos ver. Sí, ya saben, nunca lo vimos! Terminamos trepando entre árboles milenarios, ramas caídas, con el objetivo de encontrar un refugio abandonado y unos corrales. Felizmente, lo encontramos al poco tiempo. Paramos a tomar aire y nos propusimos que ese día si o si teníamos que llegar al PC4. El mapa indicaba que había que transitar esta meseta y encontrar un camino que nos llevaría en descenso hacia un valle y ahí cruzar el río y seguirlo hasta dar con el PC2. –Si seguimos derecho lo encontramos seguro-dijo un ocasional acompañante, y le hicimos caso. Enseguida encontramos el bendito camino y de ahí al PC2 fue solo cuestión de tiempo.
Luego de descansar, hacer una escala técnica, poner vaselina en los pies y comer algo, salimos y fuimos con otros corredores. Acá, en este tramo del camino, conocí a un gran tipo y excelente compañero, Hetitor.
Ahora éramos unos diez corredores que compartíamos el camino, y que por alguna razón que no se precisar, todos coincidíamos en las decisiones. Pero le erramos bastante, estuvimos perdidos unas cuantas horas, subíamos, bajábamos, avanzábamos y volvíamos al lugar de partida. Un cañadón nos hizo la vida imposible. Pero lo mejor de todo fue que nunca perdimos el humor, y a pesar de todo nos divertimos mucho.
Después de mucho caminar, llegamos al cerro “Pichi Lonco Loan” donde deberíamos encontrar el PC virtual (era un cartel y debíamos decir de que material era en el PC3).
Recuerdo que fue una subida complicada, un poco por el cansancio acumulado, pero mayormente por el fuerte viento que había. Las ráfagas violentísimas, nos castigaban de izquierda a derecha, se hizo muy difícil, y ni que hablar cuando llegamos a la cima. Me acuerdo que el viento era tan fuerte que embolsó el cubre mochila del negro y lo levantó varios centímetros. Mariano, se puso en cuclillas y avanzó así hasta la bajada. Por suerte, el PC3 ya se podía divisar y fuimos hasta el (una combi blanca).
Nos curamos como pudimos los pies y nos abrigamos. Nos faltaba el último tirón para cumplir con nuestro objetivo del día. Salimos enseguida para no enfriarnos y caminamos lo más rápido que podíamos. El viento seguía soplando y la noche se acercaba. Llegamos a un cerro que debíamos rodear y caminar hacia la izquierda, pasar por el lado izquierdo de una pequeña laguna y seguir un camino que nos llevaría hasta una patrulla. Nos costó mucho, porque a la oscuridad se le sumó una lluvia importante, y no se veía nada. Dios fue generoso y nos ayudó a encontrar la patrulla, un flaco que nos dijo –bajen por allá y cuando encuentren un sendero lo siguen hacia la izquierda-, sino pudimos encontrar un sendero de día, imagínense en estas condiciones!. Bajamos en diagonal hacia la izquierda, en una pendiente bravísimas por las condiciones climáticas y porque el acarreo era tremendo. A los pocos minutos, empezamos a ver lucecitas de otros corredores por todos lados, nadie había podido encontrar el dichoso sendero, pero la imagen de esas luces en el medio de la nada no me la saco más de la cabeza. Llegamos por fin a un camino, muy cerca del lago. Se oían los ladridos de unos perros, y a lo lejos por el camino, una luz muy fuerte, prendía y apagaba. A esa altura, toda luz potente era el PC4 para nosotros. Resultó no ser el PC4, sino un grupo de pobladores locales que bajo la lluvia nos esperaban para darnos ánimos y agua, bendita fue el agua. Había perdido una de mis caramañolas y ya la otra se había consumido. Tomé mucho líquido. –caminen aproximadamente un kilómetro y van a encontrar una ruta. De ahí, doblan a la izquierda y son más o menos 2.5km hasta la escuela (PC4), nos dijo un chico. Eso hicimos, seguimos las indicaciones sin dudarlo. Fueron los km más largos de mi vida, no llegaba nunca la escuela. Leemos un cartel que decía “escuela 500 metros”, caminamos como desaforados hasta llegar al PC4. Llegamos, y Anakin casi se desmaya. Fui a la cantina, le compre una gaseosa y un paty que a duras penas pudo terminar. El negro y yo estábamos más fuertes en ese momento, comimos y nos alimentamos bien. Me acuerdo que había que dejar el pasaporte y lo retirabas cuando te ibas del lugar, fue ahí cuando le informaron a Anakin que estaba descalificado por el olvido de los pasaportes y esto, sumado a las paspaduras del amigo, determinaron su abandono en ese PC. Dormimos unas horas, bajo la lluvia y a las 5 AM, salimos con el negro. Acá perdimos tres horas porque enfilamos para el otro lado, había que cruzar un puente y hicimos la fácil, elegimos el blanco que estaba al lado del PC, un desastre lo nuestro. Volvimos muy desilusionados a la escuelita y justo salía un contingente doce de corredores mendocinos, -que hacemos. Vamos con ellos?-preguntó el negro, -y si otra no nos queda- acoté. Cuando enfilamos para el otro lado, vemos ahí nomás un enorme puente naranja que cruzaba el río y no podíamos creer, no haberlo visto antes (este fue nuestro primer error clave del día). Cruzamos del otro lado y llegamos a un camino maderero larguísimo y muy aburrido al principio. Después se le agregaron algunas lomas y se hizo más llevadero (aunque no lo crean, a veces a pesar del esfuerzo que significa, es preferible un ascenso a un camino eternamente plano). Después de algunas horas de caminar y con el objetivo de llegar al PC5 al mediodía, nos encontramos con un cartel que decía “cruce del arroyo por puente colgante”. Este fue nuestro segundo error y acá pecamos con el negro de un error común entre los que hacen sus primeras armas (estábamos seguros que no había que ir por ahí, porque era un referencia muy clara y no estaba en el mapa. Pero como los doce mendocinos se mandaron por ahí y por nuestro miedo de quedar solo en el medio de la nada, lo seguimos). Todo lo que siguió fue una perdida de tiempo total y sin sentido. Caminamos mucho hasta llegar al puente colgante, después de decidir si cruzarlo o no, lo hacemos, había que hacerlo de uno por vez, porque el puente era de la prehistoria, había mucho viento que movía el puente de acá para allá, llovía, y a esa altura el río era profundo y con mucha corriente. Cruzamos con los “huevos en la garganta” y no sirvió de nada, al poco tiempo se dieron cuenta que estaban equivocados y nos dieron la razón. Para que! Otra vez a cruzar, pero para el otro lado, que sufrimiento!!! Volvimos al camino maderero, y caminamos hasta llegar al vado que era el lugar adecuado para cruzar el río. Solo el negro, yo y otro chico de Neuquén lo hicimos, los mendocinos (a los que odié profundamente) abandonaron ahí.
En ese momento llegó una camioneta de la organización y nos dijo que nos apuráramos porque había tormenta y si no llegábamos en dos horas al PC5 no nos iban a dejar subir. Hicimos lo que pudimos, pero no nos dieron los tiempos. Varios kilómetros más adelante nos cruzamos con unos corredores que volvían y nos dijeron –falta un buen trecho para el PC, es imposible que lleguen en horario, además adelante esta jodido-.
Así fue como terminaron nuestras ilusiones de llegar. Volvimos, esperando que al menos pasara algunos de los vehículos de la organización para llevarnos. Ya el cuerpo, pedía descanso y los pies estaban destrozados. Intentamos comunicarnos por radio para que nos vinieran a buscar durante horas, pero nunca pudimos hacerlo (tuvieron problemas con unas repetidoras). Nos cruzamos con un par más de participantes que estaban en las mismas malas condiciones y decidieron acampar y esperar ahí. Nosotros seguimos caminando por horas. Nos agarró la noche. El frío y la lluvia se hacían sentir. Con el negro tratábamos de llevar la situación de la mejor manera, gritábamos, putéabamos, y nos reíamos con los supuestos mensajes que decíamos por radio.
Finalmente, alrededor de las 22hs, llegó el alivio que estábamos esperando; el guri y su camioneta se hicieron presentes y nos levantaron y llevaron hasta Villa Pehuenia.

Fue una experiencia muy dura desde lo físico y lo mental. Nuestra inexperiencia nos jugó en contra, ya que estuvimos alrededor de 8 horas perdidos. Pero disfruté esto, como pocas veces en mi vida. Con el orgullo de haber compartido esta carrera con dos grandes tipos como Fabricio y el negro. Algo muy fuerte pasa en este tipo de carreras, algo mágico, una energía increíble. Imposible de explicar con palabras, solo pueden entenderlo aquellos que forman parte de estas aventuras.

Este 2009 voy por la revancha. Villa La Angostura, nos espera. No te tenemos miedo!!!
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